IRLANDA


Ahora que me he acostumbrado a la ciudad, a este clima frío y permanentemente húmedo, a que llueva continuamente y tener siempre los zapatos y el sombrero mojados, a que haya hierba en todos lados, a vivir entre casitas de muñecas agrietadas, a que los autobuses siempre lleguen tarde, o no lleguen, a que la gente beba hasta acabar a gatas a tu alrededor todas las noches, a comer siempre patatas, mantequilla, chocolatinas y leche, y al mediodía un sándwich frío y una manzana, a que no me laven la ropa, a luchar contra la cadena del vater y perder a veces, a no entender la mitad de lo que la gente dice a mi alrededor y que me tomen por tonta, a ir cada noche a los mismos sitios y acabar suplicando volver a casa a dormir, a los regateos nocturnos con los taxistas, las ecuaciones para ahorrar metros en el trayecto, las mismas preguntas y las mismas repuestas en las conversaciones para evitar los silencios incómodos mientras te llevan a casa: where are you from? spanish? how long will you stay? in a school trip? do you like Ireland?. Ahora que empiezo a encariñarme con esta gente solitaria y amistosa, profundamente hospitalaria, pragmática y alegre, ahora que empiezo a creer que tampoco está tan mal vivir aquí, ahora que todo perece tener un lugar, incluso yo, y que han conseguido que me sienta en casa vaya dónde vaya, que he aprendido a divertirme con ellos en la calidez de la noche, que ya sé dónde van los vasos, ahora que por fin me he comprado el cepillo de dientes que olvidé, y he encontrado el sitio en el bolso para el paraguas, ahora que empiezo a recordar los nombres de la gente, que ya no me pierdo en el centro o en el camino de regreso a casa, ahora que ellos empiezan a conocerme de verdad, ahora que bromeamos y nos reimos de lo mismo, que sé como funciona el mando de la tele, y que aún no hemos visto el DVD que traje aquel día, ahora que ya sé usar las cabinas y pedir un taxi por teléfono, ahora que comento la música y los programas de la tele después de cenar, sentada en mi sitio del sofá... ahora que me parece que la lluvia lo hace todo más hermoso, y que he aprendido a disfrutar en silencio de esa luz cegadora característica que aparece al principio y al final del día... ahora que me entristezco cuando pienso en marcharme sin saber si volveré... ahora me doy cuenta de lo mucho que quiero a Irlanda.

De algún modo Irlanda sorprende, fascina y enamora, y por eso la gente siempre vuelve, aunque sea como yo lo he hecho hoy, en un tierno y melancólico recuerdo.

Irish Folk Music

1 comentarios:

Rosa Ruiz dijo...

Pincelada a pincelada, gota a gota, consigues hacerme desear que también mi sombrero se mojara bajo la lluvia de ese país que nunca he conocido, pero que, gracias a tí, se me antoja cercano y entrañable.

Un aplauso especial para la transición desde lo incomodo a lo que uno acaba por acostumbrarse, hacia la ternura y el optimismo que respiran las últimas líneas.